sábado, 13 de septiembre de 2008

Flor Glicinia de acodo, cambio radical

Flor
Se trata reflejar el cambio realizado en un prebonsai de glicinia, hecho desde acodo en el verano de 2004. Ha experimentado mucho avatares y penurias hasta convertirse en lo que se ve al final. Desde agosto de 2004 hasta la primavera de 2005 estuvo en una maceta de entrenamiento a la espera del transplante a la que veis.




En verano de ese año, con mucho sol y abono era algo así ….


Invierno de 2006 se le han podado algunas ramas …


En verano sigue creciendo libremente sin casi pinzar, aunque la glicinia, al ser una planta trepadora tiene tendencia a desmadrarse ….


Pero, no acababa de convencer del todo la forma ……….….. después de estudiar las posibilidades que nos ofrecía se pensó en cambiarle radicalmente el ángulo de plantado en más de 90 grados. Es decir, hacer una cosa parecida al dibujo.


La idea era que el tronco quedase así. No sabía antes de desenterrar las raices si sería posible, pues además la glicinia tuvo una infección de raíces y se secó parte del tronco, el cual se tuvo que limpiar, desinfectar y cubrir con pasta sellante (es el agujero tapado en negro que se vé en la foto). Este invierno nos ponemos manos a la obra.


Las raices parecían en su mayoría sanas y compactas ……Después de una lavadita venía el necesario corte para poder adaptar la base del tronco a la nueva situación.


Corte superficial ………



Y corte final …… no sé si se habrá cortado mucho y luego el arbol no podrá con ello …….



Se transplanta a una maceta ancha y alta tipo cascada para que se acomode más facil a su nueva situación durante unos años. 50% akadama, 50% turba. Espero que el agujero que se ve en la parte de arriba del tronco (fruto de una podredumbre) sea capaz de cicatrizar con el tiempo y cierre un poco la herida …….

Empezando a brotar poco a poco. La idea es ir entrenando las ramas para formar una cascada y que en época de floración caigan las flores hacia abajo suavemente.



viernes, 12 de septiembre de 2008

Blog Plantas: Hedera

Blog Aunque lo más común es que nos encontremos a la hiedra como planta de exterior, existen algunas variedades de la misma familia que son empleadas como especie de interior de medidas mucho más reducidas. Éste es el caso de la hedera, bastante fácil de cuidar y de alto valor ornamental. Originaria de Europa, es frecuente encontrarla también en el norte de África y, desde la India hasta Japón, en Asia. Existen muchas variedades, pero distinguiremos principalmente entre las de hojas completamente verdes y las que las tienen manchadas en blanco o en amarillo. ¿Cómo son? Pertenecen a la familia de las araliáceas y sólo tienen siete especies, de las cuales, dos son las comúnmente empleadas para interior; las Hederas Helix, con numerosas variedades y las Hederas Canariensis. La primera de ellas muestra variaciones en cuanto al tamaño de las hojas, su forma y colorido, así podemos encontrar desde hojas con simple forma de escudo, hasta originales formas estrelladas, con la hoja completamente verde. La segunda presenta hojas de mayor tamaño y con una gama cromática más amplia. Su desarrollo es bastante rápido, llegando a alcanzar los 60 cm. de longitud. Las especies de interior nunca florecen, el resto lo hacen en primavera. Se multiplican mediante esquejes de forma muy sencilla. Lo ideal es colocarlos directamente en la maceta que los queramos cultivar, para evitar pérdidas en el trasplante. Bastará con coger tallos de 10 ó 15 cm. de los extremos y clavarlos en turba húmeda. Lo mejor es poner dos o tres en cada maceta y pulverizarlos a menudo a una temperatura de 20 ºC. No olvidar algunos cuidados básicos Lo mejor es situar la hedera en un lugar con luz indirecta. Resiste bien la sombra, aunque, en este caso, las hojas jaspeadas perderán su color y serán completamente verdes. Asimismo, los rayos de sol directo pueden dejar a la planta descolorida. El ambiente debe ser fresco, con una temperatura que oscile entre los 14 y los 18 ºC, aunque se adapta bastante bien a situaciones adversas. En invierno es conveniente no colocarla muy cerca de los radiadores, ya que no aguanta bien el calor tan directo. Si la tenemos en un lugar con calefacción, intentaremos que el ambiente de la habitación sea húmedo, para ello podemos pulverizar la planta. Durante los meses de verano realizaremos esta acción con bastante frecuencia, al menos dos veces por semana. Una buena alternativa será poner la planta sobre un cuenco con guijarros mojados. Como ya le suministramos agua mediante el pulverizado, no será necesario regarla en exceso, será suficiente con hacerlo una vez a la semana durante el invierno y dos veces a la semana en el verano. Mejorando su aspecto físico Esta especie tiene un crecimiento bastante libre. Para adecuar su forma a nuestro gusto personal, la podaremos una o dos veces al año, así conseguiremos, además, mantener los tallos fuertes y que la planta sea más compacta y densa. La estación más adecuada para hacerlo será a finales de verano o aprovechando el cambio de maceta. Este acto se realizará durante la primavera, siempre y cuando la hedera tenga más de dos años. Lo ideal es que llegado el momento pasemos nuestra planta a una maceta mayor, aunque si las dimensiones de ésta no nos lo permiten, será suficiente con sustituir 2 cm. de tierra superficial por sustrato fresco. Será bueno que la abonemos cada 15 días durante los meses de primavera y verano, con un fertilizante disuelto en el agua de riego. Las plantas también se ponen enfermas Aunque esta especie se mantiene sana fácilmente, puede sufrir algunos trastornos a los que debemos prestar atención: * Si sus hojas se presentan pálidas en verano, puede deberse a la exposición directa de los rayos del sol. Para solucionarlo lo mejor es cambiarlas de sitio. * Cuando se presentan secas y arrugadas es por el exceso de calor y sequedad. En este caso, deberemos llevarla a una habitación fresca y aumentar su humedad. * Si el jaspeado de sus hojas se vuelve totalmente verde, será debido a la falta de luz o el exceso de abono. * Un gran aporte de agua puede hacer que las hojas se pongan negras, en este caso hay que dejar que la tierra se seque entre los distintos riegos. Algunas enfermedades: * La Xanthomonas hederae es una bacteria que se presenta principalmente bajo dos formas; con manchas en las hojas, y con depresiones en el tallo. * Esta enfermedad, que puede ir acompañada o seguida de hongos que producen manchas en las hojas, es conocida como Antracnosis. En caso de que nuestra planta la padezca, evitaremos mojar el follaje. * La negrilla es un hongo de color negro que se asienta sobre la melaza que excretan las cochinillas y los pulgones. Si eliminamos estos dos parásitos, no aparecerá. Las plagas más comunes son: * Pulgones: deforman los brotes nuevos y quedan brillantes por el líquido azucarado que producen los insectos. Las pulverizaciones con agua jabonosa serán eficaces como ahuyentador. * Araña roja: se manifiesta en hojas amarillentas que tienen finos hilos a modo de telaraña por la cara de atrás. Será bueno aplicar acaricida cada 15 días hasta que esté limpia. * Cochinillas: chupan la savia de las hojas haciendo que se decoloren, se deformen y amarilleen, provocando su posterior caída. * Trips: pequeños insectos que producen con su picadura la aparición de manchas plateadas en las hojas. Otros usos de la hedera Se le han atribuido propiedades medicinales, y muchos centros de belleza utilizan sus extractos en la elaboración de cremas para reducir la celulitis. Tiene un probado efecto antitusígeno y expectorante, aunque su alta toxicidad hace de ella un remedio peligroso. Por vía externa, la decocción de sus hojas sirve para aliviar dolores reumáticos o neurálgicos, con efecto analgésico. Tiene propiedades antiespasmódicas, sobre todo a nivel bronquial, vasoconstrictoras, anticoagulantes, expectorantes y antibióticas. Si sigues estos consejos y prestas atenciones a las modificaciones de tu planta, podrás conservar la hedera durante muchos años.

jueves, 11 de septiembre de 2008

Especial Hierbas arómaticas: cultivo Mostaza Parda o China- Blanca- Negra

Especial Mostaza Parda: Nombre científico o latino: Brassica juncea. Nombre común o vulgar: Mostaza parda, Mostaza oriental, Mostaza de la China, Mostaza india Familia: Brassicaceae. Origen: China, India.La Mostaza parda (Brassica juncea) se divide a su vez en dos subtipos: El oriental (llamado tambien amarillo) muy utilizado en la cocina japonesa.
  • El pardo (llamado tambien indio) muy utilizado en la cocina india.
  • Debido a su gran tamaño (llega a crecer hasta alturas de 1,5 m) y por la fácil cosecha, la mostaza parda ha desplazado a la mostaza negra (Brassica nigra) como planta de explotación agraria.
  • La mostaza oriental posee un montón de pequeñas flores amarillas con cuatro pétalos que forman una alfombra tupida en los campos donde crece.
  • Las brillantes flores amarillas deben secarse en un desecante. También se pueden prensar sin mayores dificultades
  • CULTIVO DE MOSTAZA:
  • Prefieren un suelo húmedo y con sol.
  • Coseche las vainas de mostaza al final del verano, antes de que se sequen, y deje que las semillas maduren en los tarros.
  • Luego almacene las semillas de mostaza herméticamente, protegidas de la luz.
  • También puede cultivarse mostaza en el interior.
  • El sistema tradicional que siguen los niños para su cultivo consiste en colocar las sernillas de mostaza en una pieza de tela doblada en un plato y mantenida húmeda permanentemente.
  • En breves días darán brotes apetitosos y picantes de unos 10 cm de largo.
Mostaza Blanca:
  • Nombre científico o latino: Sinapis alba. Nombre común o vulgar: Mostaza blanca, Jenabe, Ajenabe. Familia: Brassicaceae. Origen: Región mediterránea. Etimología: el nombre de mostaza procede del latín (mustum ardens, mosto ardiente), y es debido a que, cuando se mezclaban sus semillas machacadas con mosto, se apreciaba el característico gusto picante-ardiente de la mostaza La mostaza blanca es una herbácea anual de tallo erguido de hasta 1 metro de altura muy ramificado.
  • Hojas grandes de hasta 25 cm alternas y alargadas.
  • Flores de color amarillo dispuestas en forma de racimo.
  • La planta de la mostaza blanca está recubierta de pelos rígidos.
  • Las semillas son algo más gruesas que las de la mostaza negra, de 1,5 a 2 mm de diámetro; su color es amarillo anaranjado, y son lisas en apariencia, existiendo una mancha blanquecina a la altura del micropilo.
  • Son de forma globosa y de 1,5 a 2,5 mm de diámetro.
  • La almendra es oleosa y los cotiledones están plegados como en la mostaza negra. Por tratamiento con agua el polvo adquiere un sabor picante, pero carece del olor picante de la variedad negra.
CULTIVO:
  • La mostaza crece bien en terrenos arcillosos o arenosos y algo secos.
  • Se siembra en hileras a 25 cm entre sí.
  • No necesita mucho aporte de nitrógeno, por lo que no es conveniente abonar con estiércol; mejor con compuestos pobres en nitrógeno.
  • RECOLECCIÓN
  • Para la recolección de las semillas se cor tan los tallos tan pronto comienzan a ponerse amarillas las silicuas.
  • El tiempo debe ser nublado. Se cortan con una hoz y se hacen pequeños manojos.
  • Las semillas se ponen a secar volteándolas a menudo.
  • También se recolectan las hojas frescas, antes de florecer.
Mostaza negra: Nombre científico o latino: Brassica nigra Nombre común o vulgar: Mostaza negra, Ajenabo.Familia: Brassicaceae.La Mostaza negra se cultivó antiguamente en toda Europa. Es muy sabrosa y picante, pero debido a las dificultades de su recolección, (sólo puede ser cosechada a mano), su cultivo se ha visto muy limitado. Hierba anual, de color verde claro, cubierta de pelos patentes y rígidos, sólo en la base. Los tallos alcanzan 1 m de altura y son erectos. Las hojas son todas pecioladas, con el margen entero a ligeramente dentado.
  • Las flores son bastante grandes y de un color amarillo dorado.
  • Los frutos son silicuas aplicadas contra los tallos, cortas, de sección cuadrangular; carecen de pelos y presentan un nervio claramente visible en las valvas, las cuales son de cuatro a cinco veces más largas que el pico del fruto.
  • Las semillas son muy pequeñas, de 0,5 a 1 mm de diámetro, de color rojo oscuro o casi negras y aparecen recubiertas en ocasiones del mucílago desecado de color blanquecino; la superficie aparece marcada por un retículo fino, visible con una potente lupa.
  • Florece desde finales primavera a verano

  • CULTIVO:
  • Crece bien en terrenos arcillosos o arenosos que sean algo secos.
  • Se siembra en hileras a 25 cm unas de otras
  • Tiene menos rendimiento que la mostaza blanca.
  • RECOLECCIÓN
  • Las semillas se recolectan cortando los tallos, en septiembre, poco antes de que maduren los frutos.
  • Para separar los granos se trillan los tallos una vez secos.
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miércoles, 10 de septiembre de 2008

Especial ÉPOCA DE TRANSPLANTES ........

Especial
Ya que estamos en época de transplantes, unos ejemplos de ello. En este caso en una higuera que lleva 2 años en tierra y que saco para regalar a unos amigos. Se aprecia un buen mazacote de arcilla en el cepellón y unas raíces muy desarrolladas, pero grandes. El proceso del transplante es bien conocido pero nunca está de más recordarle.


Ha estado sin ningún tipo de control y las raíces se han desarrollado en todas las direcciones posibles y en un grosor muy grande (esto no interesa si luego lo queremos para bonsái).



Como las especies caducifolias podemos transplantarlas haciendo un lavado total de raíces procedemos y vemos, sobre todo, lo grande que se ha hecho la raíz pivotante, la que hace que el árbol se enganche al suelo. Eso para bonsái no es operativo, ya que el cepellón deberá ser lo más plano posible por lo que hay que cortarla.



Fuera pivotante …. Un buen serrucho ayuda en la tarea.



Tras la poda de raíces grandes y las que crecen en direcciones no apropiadas (para abajo o para arriba) nos queda en árbol de la siguiente manera ……




Yo uso para las higueras una mezcla de turba y akadama al 50% pues quiero que el sustrato retenga algo de humedad y con más porcentaje de akadama no sería posible. Además tendría que estar regando con más frecuencia.



Interesa que las raíces se desarrollen creando un buen pan, por lo que nunca viene mal un poco de enraizante. También sellamos con pasta las posibles heridas de la poda.


Pasando dos alambre por debajo de los agujeros de drenaje de la maceta de entrenamiento fijamos el arbol para evitar que con el viento o movimientos bruscos las raíces sufran



Bien atados procedemos a echar el sustrato antes mostrado procurando que penetre bien entre las raices no quedando bolsas de aire que hagan que las raices puedan pudrirse. Un poco de musgo de adorno y para que retenga la humedad ……........…… y a esperar que dentro de muy poco ramifique ….

martes, 9 de septiembre de 2008

Jardin Abono para el Bonsái

Jardin Carencias

En ocasiones pueden darse situaciones de carencia de uno o varios de estos elementos, pues es posible que no se encuentren en cantidad suficiente en el sustrato o que, por el motivo que sea, no resulten accesibles para la planta en ese momento. Las causas que pueden llevar a un elemento a no ser accesible para la planta son bastante variadas, pudiendo ir desde un PH inadecuado en el sustrato, hasta que la simple falta de otro elemento impida su correcta absorción.
En cualquier caso conviene estar siempre atento a los síntomas mostrados por la planta y actuar de inmediato aportando un extra del elemento problemático, o del conjunto de ellos, si no se desea poner en peligro el árbol.

Repasando la lista de elementos esenciales tomados del sustrato (los elementos obtenidos de la atmósfera no presentan estos inconvenientes pues siempre se encuentran disponibles), podemos clasificar las siguientes tipologías:

Nitrógeno:
El síntoma más evidente de una carencia de nitrógeno es una clorosis general por toda la planta, pero especialmente más acusada en las hojas viejas e inferiores. Por clorosis se entiende una falta de clorofila apreciable en unos tonos de verde mucho más claros en las hojas, llegando incluso a volverse completamente amarillas.
En los casos más graves las hojas amarillean para luego quemarse y caer. Las hojas jóvenes permanecen verdes más tiempo ya que todavía pueden obtener ciertas cantidades de nitrógeno procedentes de las hojas más viejas. También puede darse el caso en algunas especies de que aparezca una coloración púrpura como resultado de la acumulación de pigmentos de antocianina.
Por el contrario, un exceso de nitrógeno se manifiesta en un follaje abundante, de color verde oscuro con hojas de gran tamaño y un sistema radical muy reducido, algo nada deseable en bonsái. Entre otras cosas porque puede llegarse a la situación de que las raíces sean incapaces de aportar el agua necesaria por toda la masa de follaje desarrollado. La floración y fructificación también suele verse retardada si existe un exceso de nitrógeno.

Los suelos suelen presentar carencias de nitrógeno con una mayor frecuencia que de cualquier otro elemento. Buena parte del nitrógeno presente en el suelo se encuentra en forma de compuestos orgánicos poco aprovechables por la planta, es tarea de un cierto tipo de bacterias descomponer estos compuestos para liberar el nitrógeno en dos formas iónicas fácilmente asimilables por la planta: nitrato y amonio. Estas formas iónicas se absorben y utilizan de forma muy rápida, entre otras cosas porque se disuelven con relativa facilidad, pero también hay que tener en cuenta que son retenidas por el sustrato con una cierta dificultad por lo que los sucesivos riegos arrastran buena parte de ellos. De todas formas el nitrógeno de origen orgánico es el más indicado para su uso en bonsái ya que actúa con una mayor lentitud y permanece en el sustrato por mas tiempo.
El nitrógeno así obtenido nitrógeno se utiliza como materia prima en multitud de compuestos por lo que suelos pobres en este elemento provocarán un lento desarrollo general de la planta. Además se trata de una sustancia necesaria para que la planta pueda llegar a utilizar los fosfatos contenidos en el suelo, lo cual incrementa aun más su importancia.

Fósforo:
Un síntoma característico de la deficiencia de fósforo es el enanismo que presentan estas plantas, al mismo tiempo que las hojas presentan un color verde oscuro. También resulta factible la aparición de pigmentaciones rojizas por la acumulación de antocianinas. Las hojas más antiguas adquieren una coloración café antes de morir.
En general la falta de fósforo dificulta el crecimiento y la madurez de la planta. Se trata de un elemento presente en numerosas proteínas, especialmente en áreas de rápido crecimiento como por ejemplo las puntas de las raíces, yemas, frutos, etc.
Un exceso de fósforo acelera los procesos de maduración y hace que la raíz se desarrolle en una mayor proporción que la parte aérea.

Por importancia se trata del segundo elemento limitante, tras el nitrógeno, en los suelos. Se suele presentar en dos formas iónicas distintas que se absorben a velocidades, la proporción de cada una vendrá marcada por el PH del sustrato lo que en resumidas cuentas hace que en suelos ácidos su absorción sea más rápida que en otros de PH más básico.

Potasio:
Los síntomas de carencias de potasio aparecen antes en las hojas más antiguas, en forma de una ligera clorosis rodeando a zonas necrosadas de color oscuro. Esto es así ya que se trata de un elemento que se transporta desde zonas más antiguas, donde se acumula, hasta las zonas en crecimiento cuando surge la necesidad. Estas zonas necrosadas son porciones de tejido muerto que aparecen con una mayor frecuencia en las puntas y bordes de las hojas, y entre las nervaduras de éstas. Otro síntoma es la presencia de tallos débiles que resultan fácilmente dañados por la acción del viento o la lluvia. Una escasa producción de flores y frutos suele ser también sintomática.

Es la tercera deficiencia más común en los suelos detrás de las dos anteriores. El potasio es un elemento esencial en los procesos de respiración, fotosíntesis y división celular, además de ser uno de los elementos que ayudan a mantener la turgencia en la planta. Actúa de catalizador para que otros elementos puedan realizar sus trabajos, además de ser un elemento que ejerce un cierto control sobre el nitrógeno evitando crecimientos frondosos y blandos en exceso. También contribuye en la formación de clorofila.

Azufre:
Un síntoma típico de su falta es una clorosis general en la hoja, incluyendo venas, generalmente empezando por las más jóvenes. El sistema radical suele debilitarse bastante ante carencias de azufre.
Las hojas también pueden absorber azufre a través de los estomas en forma de dióxido de azufre en estado gaseoso. Este compuesto es un subproducto habitual de determinados tipos de combustión que resulta bastante contaminante, pues al ser absorbido inicia toda una serie de procesos químicos que acaban por inhibir la fotosíntesis y por destruir la clorofila. Aparece lo que comúnmente se denomina "Lluvia ácida".

A diferencia de los anteriores, las raíces toman solo las cantidades de azufre que necesitan dejando el resto para ser lavado por el agua de riego. En realidad suele ser poco frecuente encontrarnos con deficiencias de azufre ya que abunda en la mayoría de los suelos. Es un elemento que forma parte de gran cantidad de proteínas.

Magnesio:
El magnesio es uno de los elemento involucrados principalmente en la formación de moléculas de clorofila. Por lo que el primer síntoma que se produce en ausencia de magnesio es una clorosis en las hojas mas viejas, concretamente entre sus venas, ya que por motivos todavía no de demasiado claros las células situadas en los haces vasculares retienen la clorofila durante más tiempo.

Calcio:
Las carencias aparecen primero en los tejidos más jóvenes, tanto en raíces, tallos como hojas, en forma de tejidos retorcidos y deformados. Es un elemento muy importante en la formación de las paredes celulares, además de en la distribución de azúcares, responsable en buena medida de un vigoroso crecimiento de raíces y ápice. Actúa también como catalizador facilitando la disponibilidad de otros elementos como el fósforo y el potasio.

En la mayoría de suelos suelen existir cantidades suficientes de este elemento como para que no se produzcan carencias, aunque en suelos ácidos con abundantes lluvias o riegos puede llegar a ocurrir. Sobretodo si se usa agua osmotizada.

Hierro:
Las plantas con carencia de hierro presentan también una acusada clorosis entre las venas de la hoja, pero a diferencia de lo que ocurría con el magnesio esta clorosis aparece primero en las hojas más jóvenes. En caso de una grave deficiencia de hierro toda la hoja puede acabar amarilleando o incluso llegando a tomar una coloración blanquecina con amplias zonas necrosadas. En realidad lo que sucede es que las carencias de hierro inhiben la formación de clorofila, a pesar de que este no forma parte de la molécula de clorofila en sí.

Se trata de un elemento que en ocasiones se cataloga como macronutriente a pesar de que se requiere únicamente en cantidades muy reducidas. En suelos básicos, o incluso neutros en determinadas circunstancias, el hierro puede encontrarse bloqueado en el sustrato convirtiéndose en inaccesible para la planta que acabará desarrollando carencias. Excesos de fosfatos, metales pesados, mal drenaje e incluso exceso de riego pueden llevar a esta desafortunada situación.

Cloro:
A pesar de que es relativamente raro que se produzcan carencias de este elemento, pues el cloro se encuentra presente en agua y sustratos gracias a su gran solubilidad, e incluso es arrastrado por el viento, los síntomas de una falta de cloro son: escaso crecimiento, marchitamiento, aparición de zonas con clorosis y tejidos necrosados. Las raíces disminuyen su longitud al tiempo que se hacen más gruesas y en ocasiones las hojas pueden adquirir tonalidades marronosas.

El cloro es uno de esos elementos que la planta va a tomar en grandes cantidades, hasta cien veces más de lo que realmente necesita. Una de sus funciones principales es la oxidación del agua, es decir la ruptura de la molécula de agua llevada a cabo durante el proceso de fotosíntesis.

Manganeso:
A pesar de que no sea una carencia de las más frecuentes, algunos síntomas son manchas de tejido muerto y clorótico dispersas por la hoja.

Se trata de un catalizador de gran importancia para el metabolismo vegetal. Contribuye a la asimilación del dióxido de carbono y a la acción de diversos enzimas.

Boro:
Las carencias de este elemento no son nada habituales aunque en ocasiones se producen patologías relacionadas con la descomposición de tejidos internos. Los síntomas son de lo más variado dependiendo de la edad y la especie, pero tienen en común una falta de crecimiento general de toda la planta, aunque en ocasiones también puede producir anormalidades en el desarrollo.

Su función la verdad es que todavía no se ha determinado con precisión. Se absorbe casi siempre en forma de ácido bórico sin disociar y su distribución por los tejidos es algo lenta.

Zinc:
Su carencia con frecuencia se manifiesta en forma de hojas muy pequeñas, y una notable disminución en el desarrollo de los internudos. En ocasiones se produce una cierta clorosis que indica que el zinc toma parte en los procesos de formación de clorofila, o por lo menos impide su destrucción.

El zinc se absorbe muy a menudo en forma de quelatos de zinc. Se trata de otro catalizador en el metabolismo del planta siendo importante en los procesos de respiración. También es muy posible que participe en la formación de hormona de crecimiento, auxina, por lo que su falta sería la responsable del poco desarrollo de tallos e internudos. Al mismo tiempo el zinc forma parte de multitud de enzimas necesarias para el buen funcionamiento de la planta.

Cobre:
La falta de cobre se aprecia por unas hojas jóvenes de un verde oscuro, deformadas y arrugadas y en ocasiones con rastros de necrosis.

Se trata de un elemento que se necesita en cantidades muy pequeñas, así que es realmente raro encontrar deficiencias de cobre. A pesar de todo es una posibilidad a tener muy en cuenta incluso en plena naturaleza ya que, por ejemplo, muchos suelos en Australia son extremadamente pobres en cobre, además de otros micronutrientes como el zinc, el molibdeno, etc.. También es importante tener en cuenta que hay que ser muy cuidadoso con los aportes extra de cobre pues rápidamente pueden alcanzarse los niveles de toxicidad. En realidad el margen entre la carencia y la toxicidad por exceso es muy estrecho para este elemento. El cobre se encuentra presente en diversas enzimas y proteínas.

Molibdeno:
Los síntomas de su falta pueden ir de una clorosis en la parte de la hoja situada entre las venas de las hojas más viejas, o incluso en pleno tallo, avanzando hasta las hojas más jóvenes, hasta el desarrollo de hojas retorcidas y deformes.

Realmente se sabe muy poco sobre como es absorbido o como se procesa en el interior de las células de las plantas, quizá por el hecho de que sea un elemento utilizado en cantidades traza, es decir, en cantidades realmente minúsculas. Parece jugar un papel en los procesos relacionados con el nitrógeno. Es quizá el elemento necesitado en menor cantidad de todos los listados por lo que su carencia es algo realmente raro. A pesar de eso pueden llegarse a producir en suelos muy deficitarios en este elemento como son los australianos, al igual que pasaba con el cobre.

Níquel:
Se trata de un elemento esencial que forma parte de determinadas enzimas necesarias para evitar la excesiva acumulación de urea en los tejidos vegetales. Las extremas carencias de este elemento provocan una acumulación de urea tal que las puntas de las hojas llegan a necrosarse ya que la enzima encargada de su eliminación no puede formarse. Cultivando en ambientes muy pobres en níquel puede llevar a la situación de que las semillas se conviertan en no viables siendo incapaces de germinar.

La mejor forma de evitar problemas de carencias es evitarlas en la medida de lo posible. Para ello hay que empezar cuidando el sustrato en que se planta: su capacidad de drenaje, de intercambio iónico, su composición, etc. Seguidamente se debe cuidar también el agua de riego. Esta debe ser lo más pura posible, pues cualquier sustancia extraña que transporte se irá acumulando en el sustrato y puede llegar a dificultar la absorción de algunos elementos esenciales, aunque solo sea por el simple método de modificar las condiciones del sustrato. Y finalmente debe prestarse especial atención a aquellos elementos que se añadan deliberadamente al sustrato, ya sea en forma de abonos, ya sea en forma de complementos: los excesos pueden ser tanto o más problemáticos que las carencias.En general se suele recomendar el uso de abonos de origen orgánico ya que dado su forma de funcionamiento, deben ser descompuestos por bacterias, el aporte de elementos es pausado y muy variado. Se evitan así los riesgos de sobredosis o de carencias de aquellos elementos que no vayan incluidos en la fórmula del abono químico utilizado. También es cierto que en ocasiones es útil, o incluso recomendable, el uso de abonos químicos. Precisamente ante situaciones de carencias concretas puede ser una forma rápida de solventarlas, siempre que el abono contenga el elemento problemático, claro está. Además de proporcionar un elemento de control más sobre la planta, como por ejemplo los abonos libres de nitrógeno usados de cara al otoño. En cualquier caso siempre se debe ser muy cuidadoso con el uso de estos abonos químicos pues un error en la dosis puede resultar fatal para la planta. Y además hay que tener presente que uno puede cultivar perfectamente usando casi exclusivamente abonos orgánicos, mientras que no siempre es posible decir lo mismo de los químicos. Como casi siempre se debe buscar un compromiso. Un equilibrio.


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lunes, 8 de septiembre de 2008

Flores Clasificación del Bonsái según su estilo (IV) Han Kengai

Flores
Semi cascada (Han Kengai):Según el criterio de la inclinación del tronco, un árbol clasificado como semi cascada tendría una inclinación, siguiendo la línea del tronco, que podría oscilar entre un máximo de unos 45 grados por encima de la horizontal y unos pocos grados por debajo de la misma. En cualquier caso dado que un bonsai en estilo semi cascada nunca cae por debajo de la maceta, éste suele ser el criterio más comúnmente aplicado por delante de consideraciones sobre la inclinación. Son árboles fácilmente localizables en la naturaleza, cerca de alguna pendiente escarpada, sobre la orilla de lagos o ríos en cuya superficie se refleja buena cantidad de luz, y por tanto la planta adquiere esta tendencia de crecimiento, etc.Para este diseño, quizá más que para cualquier otro, la dificultad radica en conseguir una planta que sea capaz de trasmitir sensación de estabilidad puesto que el tronco, al prolongarse de forma casi horizontal, requiere de una importante base de raíces que funcione como anclaje. Manteniendo este punto en mente, la distribución más adecuada de las raíces no deja de ser similar a la comentada para el estilo inclinado.Otro punto delicado podemos encontrarlo en la distribución de ramas; generalmente uno podría pensar en aplicar una distribución similar a aquella aplicada en los estilos verticales, pero teniendo en cuenta que lo que sería el frente en un vertical, pasaría a ser la cara inferior del tronco al ser inclinado hasta casi la horizontalidad. Se trata de una posibilidad, ciertamente, pero para evitar resultados faltos de equilibrio hay que tener en cuenta que básicamente estamos tratando con un tronco muy cercano a la horizontal, y que por tanto al formar los típicos pisos en el follaje uno puede encontrarse con un resultado completamente plano. Una forma de solventar este problema es asegurar la presencia de curvas en todos los planos.Descuidar la inclusión de ramas traseras es igualmente un error bastante común en este diseño y que resulta en una importante pérdida de profundidad.Finalmente nos encontramos aun con un último problema, quizá más importante que los anteriores y en ocasiones de más difícil solución. Se trata de la dificultad para formar un ápice adecuado y dónde colocarlo. Tres son los puntos principales donde suele colocarse el ápice: En un punto situado alrededor de los dos tercios de la longitud del tronco, en un punto situado a un tercio de ésta, o formar el ápice a modo de contrapeso aproximadamente sobre la curva inicial que provoca la inclinación del tronco.

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Blog Plantas para el frio ; Bergenia

Blog Pese a que la naturaleza parece descansar en época de invierno, hay plantas que se empeñan a florecer y desafiar el frío; tal es el caso de la Bergenia Crassifolia. Perteneciente a la familia Saxifragáceas, se trata de un ejemplar procedente de regiones siberianas. Lo más llamativo de esta especie es su floración invernal, por lo que se le atribuye el nombre de 'hortensia de invierno'. Su nombre también se debe a que en este tiempo no pierde sus tallos ni sus hojas. Es de larga duración y requiere muy bajo mantenimiento en jardín. Puede ser ideal para situarla en sombra o semisombra incluso también puede utilizarse para decorar interiores, capaz de crear un ambiente de tranquilidad y armonía para tu hogar. La composición de sus flores brillantes de color rosado, en forma de campanita, y sus anchas hojas verdes, grandes y lustrosas, ofrecen un contraste delicioso con un ligero toque aromático. En el exterior, esta peculiar planta de frío puede alcanzar hasta los 45 cm. de altura Un buen lugar para situarla Para un desarrollo equilibrado se aconseja cultivarla en el exterior. Lo más frecuente es ubicarla en el jardín en todas las estaciones del año, ya que no temen a bajas temperaturas. La fortaleza que la caracteriza permite soportar hasta los -7 ºC, pero puede perder su follaje a los -3 ºC. Sus anchas hojas de color verde brillante suelen enrojecer en época de otoño, pero con la llegada de la primavera comienzan a producir tallos y hojas. Es muy rústica y se adapta bien a diversos terrenos y exposiciones. Un cultivo 'todoterreno' Para que arraigue bien requiere suelos sueltos, ricos en nutrientes y fértiles, aunque se adapta a cualquier tipo de terreno, siempre y cuando, cuente con la humedad y el drenaje adecuado. La plantación será en semisombra, preferentemente, aunque también se puede cultivar en lugares con sol directo (en este caso, necesitaría más humedad). Si piensas plantar en el exterior, procura que sea siempre en un terreno húmedo, con una temperatura de cultivo entre 12 ºC y 15 ºC. Esta audaz perenne se puede tener en pequeñas macetas, incluso en el baño, ya que es completamente resistente a la humedad, el calor y temperaturas ligeramente elevadas; sólo ponle un buen abono y riégala cada semana (una o dos veces a lo sumo). Otro lugar adecuado para ellas es la cocina o cerca de una ventana. Durante los meses de frío, evita mojar excesivamente el sustrato y regar cuando las temperaturas sean muy bajas. Las plantas perennes tienen un período de descanso vegetativo de algunos meses, por lo que durante estos meses no es necesario regarlas tan a menudo. Es aconsejable ubicarla en un sitio lo más fresco posible y muy bien ventilado, ya que no resiste las altas temperaturas que puede llegar a producir la calefacción. A medida que se acerque la época de primavera y los termómetros suban, será necesario aumentar la humedad para conseguir que los ejemplares prosperen y florezcan. Por otra parte, si has optado por el exterior, sus hojas anchas y gruesas lucirán más atractivas en las cercanías de estanques, en bordes y esquinas de los macizos florales. Un mejor cuidado para sorprender La floración se da a finales de invierno y principios de primavera y, para que te sorpendas con flores más grandes, se recomienda retirar las hojas que se ubican justo debajo de la flor, en cuanto ésta empiece a abrirse. Para un mejor cuidado, se aconseja cortarle los tallos florales marchitos y posteriormente podar todos los que hayan florecido desde la parte más baja. Fácil reproducción Se desarrolla a partir de rizomas, y se pueden dividir en otoño para aligerar las matas demasiado grandes y espesas. La época de siembra es de octubre a noviembre o primavera. Puede darse su reproducción por esquejes o semillas.